Economía social para el desarrollo
A partir de datos oficiales sobre informalidad laboral, pobreza multidimensional y participación del sector social en la actividad económica, se argumenta que la Economia Social y Solidaria puede contribuir a transitar de un enfoque asistencial a un modelo de desarrollo productivo con cohesión territorial. Se analizan fuentes de Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el marco jurídico nacional vigente.
La política social mexicana ha experimentado una expansión significativa en cobertura de transferencias monetarias durante la última década. Sin embargo, los desafíos estructurales persisten: alta informalidad laboral, pobreza laboral significativa y desigualdad regional.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI, la tasa de informalidad laboral se ha mantenido alrededor del 54–55 % en años recientes (INEGI, 2024). Esto implica que más de la mitad de la población ocupada carece de seguridad social formal y estabilidad contractual.
Paralelamente, CONEVAL reportó que aproximadamente 29.6 % de la población se encontraba en situación de pobreza multidimensional en su medición más reciente disponible (CONEVAL, 2023), mientras que la pobreza laboral ha oscilado alrededor de un tercio de la población ocupada.
Estos datos revelan que el crecimiento económico, aunque positivo en términos agregados, no garantiza movilidad social ni formalización productiva. En este contexto, la economía social y solidaria se presenta como alternativa estructural complementaria.
Marco conceptual de la economía social y solidaria
La CEPAL define la economía social y solidaria como un conjunto de organizaciones económicas que priorizan la cooperación, la ayuda mutua y la gobernanza democrática, subordinando el capital al fin social (CEPAL, 2022).
En el marco jurídico mexicano, la Ley de la Economía Social y Solidaria establece que el sector social de la economía comprende ejidos, comunidades, cooperativas, sociedades de producción rural y otras figuras asociativas (Ley de la Economía Social y Solidaria, 2012).
Este reconocimiento normativo implica que la ESS no es marginal, sino parte integrante del modelo económico nacional.
Informalidad estructural y potencial de formalización asociativa
La informalidad laboral constituye el principal desafío estructural del mercado de trabajo mexicano. Según INEGI (2024), más de la mitad de las personas ocupadas se desempeñan en condiciones informales.
Esta realidad tiene implicaciones:
- Baja productividad promedio.
- Limitada recaudación fiscal.
- Escasa protección social.
- Alta vulnerabilidad ante choques económicos.
La ESS puede operar como mecanismo intermedio de formalización progresiva, permitiendo que trabajadores independientes o informales se integren en estructuras cooperativas con acceso a financiamiento, capacitación y seguridad social.
Pobreza multidimensional y política social productiva
CONEVAL (2023) reporta que la pobreza multidimensional en México involucra carencias simultáneas en educación, salud, vivienda e ingreso.
El diseño tradicional de política social ha privilegiado transferencias directas. Si bien estas reducen privaciones inmediatas, no necesariamente modifican la estructura productiva.
Una política social productiva implica:
1. Acceso a activos productivos
2. Capacitación técnica
3. Vinculación a cadenas de valor
4. Desarrollo territorial integrado
La ESS puede funcionar como plataforma organizativa para articular estos componentes.
Contribución económica del sector social
Diversos estudios del INEGI sobre economía social han documentado la existencia de un conjunto significativo de unidades económicas bajo esquemas asociativos. Asimismo, estimaciones recientes han señalado que la economía informal representa aproximadamente una cuarta parte del PIB nacional, lo que evidencia la magnitud del fenómeno estructural (INEGI, 2024).
Si una parte sustantiva de esta actividad pudiera transitar hacia esquemas asociativos formalizados, el impacto en productividad y recaudación sería significativo.
Enfoque territorial y cohesión social
La fragmentación regional es otro rasgo estructural del desarrollo mexicano. Las entidades del norte y centro muestran mayor integración a cadenas globales, mientras que regiones del sur-sureste enfrentan mayores rezagos.
La ESS presenta ventajas territoriales:
- Genera arraigo local
- Reduce migración económica forzada
- Fomenta gobernanza comunitaria
- Facilita sostenibilidad ambiental
La CEPAL ha señalado que la ESS permite adaptar políticas productivas a contextos locales específicos, fortaleciendo integración social y desarrollo sostenible (CEPAL, 2022).
Recomendaciones de política pública
Para integrar la ESS como instrumento estratégico de política social en México, se sugieren cuatro líneas:
1. Financiamiento especializado: fortalecer banca de desarrollo orientada a cooperativas y empresas sociales.
2. Capacitación y digitalización: asistencia técnica y adopción tecnológica.
3. Compras públicas inclusivas: incorporar organizaciones del sector social en cadenas de suministro gubernamentales.
4. Evaluación rigurosa: medición periódica de impacto en formalización, ingreso y movilidad social.
La transparencia y evaluación independiente son esenciales para evitar clientelismo o distorsiones institucionales.
Conclusión
México enfrenta una combinación de crecimiento moderado, alta informalidad laboral y persistente pobreza multidimensional. La economía social y solidaria no constituye sustituto del mercado ni del Estado, pero sí puede convertirse en mecanismo articulador entre ambos.
Su integración estratégica permitiría transitar de una política social predominantemente asistencial a una política de desarrollo productivo con cohesión territorial.
La evidencia empírica disponible sugiere que el desafío no es menor: más de la mitad de la fuerza laboral permanece en informalidad y una fracción significativa de la población continúa en situación de pobreza. Incorporar la ESS como eje estructural podría contribuir a enfrentar simultáneamente informalidad, desigualdad y fragmentación regional.
Más aún, la economía social y solidaria ofrece una oportunidad histórica para reconfigurar la arquitectura del desarrollo mexicano desde lo local hacia lo nacional. En un entorno global de reconfiguración productiva, nearshoring y transición tecnológica, México puede optar por un crecimiento concentrado o por un crecimiento con base territorial amplia.
La ESS representa la posibilidad de democratizar la productividad, fortalecer cadenas de valor regionales y transformar capital social en capital económico sostenible. No se trata únicamente de mejorar indicadores, sino de reconstruir confianza, generar arraigo y ampliar oportunidades reales de movilidad social. Si se articula con rigor técnico, evaluación econométrica y gobernanza transparente, la economía social puede convertirse en uno de los pilares estratégicos del México del siglo XXI: un país donde desarrollo y cohesión no sean objetivos contrapuestos, sino dimensiones complementarias de una misma política pública inteligente.
Referencias
Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). (2022). Economía social y solidaria. Economía social y solidaria | CEPAL
Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL). (2023). Medición de la pobreza en México. Pobreza en México | CONEVAL
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). (2024). Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE). Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), población de 15 años y más de edad
Ley de la Economía Social y Solidaria. (2012). Diario Oficial de la Federación. LESS.pdf
Publicación original de:
https://www.e-consulta.com/opinion/2026-02-25/economia-social-para-el-desarrollo