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El costo país

Hace algunos años, introduje en una conferencia con algunos colegas el concepto de “costo país” que resultó novedoso para muchos. Si bien es un concepto económico general, que incluye un conjunto de factores estructurales, logísticos, normativos y por supuesto impositivos que hacen que producir, invertir, comercializar o en general hacer negocios en México sea más caro o barato en un país que en otros lugares del mundo.

Cuando hablamos del costo país México, además de los impuestos de todo tipo que se pagan, incluye también el estado de la infraestructura tales como carreteras, vías de ferrocarril, puertos y aeropuertos, internet de banda ancha, las regulaciones propias de cada industria, la burocracia, el financiamiento medido en la disponibilidad de crédito y sus respectivas tasas de interés y la inestabilidad económica, inflación, volatilidad cambiaria o riesgo país elevado (eso que miden las calificadoras como Fitch, Standard & Poor´s o Moody´s) que en ocasiones requiere otro sobrecosto para cubrir la incertidumbre.

En resumen: el «costo país» es un indicador de competitividad que refleja cuán difícil y costoso es para una empresa operar dentro de las fronteras de una nación comparado con el resto del mundo y que forma parte de la estructura de costos de cualquier empresa que opera dentro de las fronteras, simplemente por estar ahí.

Me sorprendió sobremanera la pregunta de la presidenta Sheinbaum, no sin dejo de soberbia, cuando hablando de la reciente escalada de la inflación al 4.59%, se preguntaba por qué el jitomate u otras verduras estaban más caras en un super que en la tienda ISSSTE; por otro lado, la supuesta explicación de que la tortilla no debería subir porque el maíz no había subido y finalmente por qué los gasolineros no respetaban el precio sugerido del combustible.

Mi respuesta sencilla es: por el costo país, Presidenta, por el costo país.  Explico ahora ejemplificando cada uno.

Cuando escucho a la presidenta decir eso me queda claro que no entiende de economía: gasta más de lo que ingresa, crea programas sociales subsidiados sin tener el ingreso para cubrirlos hoy y en el futuro y mantiene el crecimiento del país por abajo del 1% del PIB, con la mayor caída de inversión pública y privada en años y una generación de empleo a menos de la mitad de las necesidades reales de la población y con una inflación por arriba del objetivo. (Me pregunto con curiosidad, bajo su misma lógica, porque no cuestionó el incremento en el precio de las casetas de las carreteras si son las mismas que estaban ahí).

Empiezo por la tortilla: pensar que un producto terminado como la tortilla se compone de un solo insumo como la harina de maíz, ya de por sí es no entender lo mínimo de economía e ignorar la cadena de valor subsecuente para que cualquier persona pueda ir a comprar sus tortillas a la más cercana de su casa. Ud. compra en su tortillería preferida, establecida, formal, que paga sueldos, seguro social, Infonavit, afore, impuesto sobre nómina, renta, teléfono, agua, energía eléctrica, internet, transporte, gasolina, depreciación de equipos como la tortilladora, la báscula y otros equipos), permisos municipales, estatales e impuestos, entre otros más que forman un conjunto de costos que sí han subido sus precios.

Añada que el costo país México en ocasiones se incrementa por la extorsión, el derecho de piso, las cuotas del crimen organizado o los tradicionales inspectores. Casos típicos y más conocidos son el limón, el aguacate y otras verduras y legumbres.

En el caso de la gasolina no hay que olvidar que casi la mitad del precio que pagamos al cargar combustible es la suma de los impuestos IEPS e IVA. Pregunte a un gasolinero acerca de la burocracia y multitud de permisos por la que pasa con Pemex y las secretarías del ramo; es todo un muy costoso proceso, que también suma.

El costo país se ve impactado por cosas tan sencillas como la facilidad o dificultad para abrir un negocio en términos de tiempo y costo, los largos tiempos para obtener un permiso de construcción o de Cofepris, el costo adicional de pagar custodios o guardias en los negocios, poner cámaras y alarmas de seguridad, el desgaste de los camiones y vehículos por el lamentable estado de calles y carreteras y la falta de seguridad en las mismas que obliga a ir en convoy o traer seguridad adicional.

Es evidente que la corrupción agrega costo de todo lo que se hace en México y se suma a la larga cadena improductiva, lo mismo que la impunidad.

Otro importante costo es la herencia maldita del sexenio anterior donde a partir de la cancelación del NAIM la inversión pública se concentró en proyectos como la refinería Dos Bocas, el tren maya, el interoceánico, el AIFA, Mexicana de Aviación, la Mega farmacia y otros que le cuestan y le seguirán costando al país consumiendo recursos, pues ninguno es rentable porque fueron producto de un capricho de AMLO y no de un análisis técnico y financiero.

Un ejemplo terrible y desesperante son las colas en las casetas de cobro en las carreteras mexicanas, ¿quién de Uds. no ha estado en una cola de esas? El sumar el tiempo perdido, el diésel o gasolina quemados mientras espera, todo eso arrastra la improductividad nacional generada, afectando negativamente el PIB Nacional. Imagine las horas hombre que ganaríamos y los litros de combustible ahorrados sólo eliminando las casetas de cobro e instalando las tecnologías existentes similar a las que sí se usan para las foto-multas. Eso reduciría el costo país.

El costo de la deuda mexicana creciente ya supero ya el 9% en los mercados internacionales y es otro punto más que hay que añadirle al costo país, como también el billón de pesos anual de las pensiones, absorber la deuda e ineficiencia de Pemex la petrolera más endeudada del planeta, el no contar con suficiente energía eléctrica y gas y la ya próxima semana escalonada de 40 horas.

Seguramente a Uds. ya se les ocurrieron algunos ejemplos de costo país y sí, por eso y la mala política económica tenemos como resultado poca inversión y un crecimiento menor al 1% anual de nuestra economía en los últimos siete años.

En síntesis, todos los que operan un negocio de cualquier tipo en México parten de un costo base implícito por sólo “abrir la cortina” que es el costo país.

Para ser competitivos, hay que bajarlo y para eso se requiere tomar serias medidas ligadas a la productividad y afrontar los problemas heredados dando un giro a la política económica.  

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