• 22/Junio/2017
Mejor pero insuficiente… ¿Y si lo hacemos de otra manera?

Por Jon Azua

En una semana plagada de noticias con fuerte contenido económico, merece la pena tratar de integrar una serie de mensajes de modo que facilitemos la comprensión de la posición en la que nos encontramos y, sobre todo, los desafíos que enfrentamos, así como nuevas rutas a explorar para superarlos.

Tomemos como punto de partida el informe presentado el pasado día 7 por la OECD (“Better but no enough” – “Mejor pero no lo suficiente”), de la mano de su Economista Jefe, Catherine L. Mann. Su mensaje puede resumirse de la siguiente manera: “Pese a que las apariencias sugieren un cierto repunte de las inversiones y el crecimiento global (en torno a un 3% general, un 2,0 en los países OECD y 1,8% de Europa), a que existen signos de aumento de la demanda de bienes de tecnología media-alta e inversiones de capital (si bien ralentizada por políticas “nacionales” temerosas), la PRODUCTIVIDAD permanece sin respuesta en su ya largo deterioro. La pérdida de empleo se concentra en sectores y países concretos y de forma mayoritaria en cualificaciones bajas, y la desigualdad en rentas y salarios se eleva de forma considerable”.

Este análisis concluye con la recomendación de “un llamamiento a aplicar políticas integrales que hagan que la globalización trabaje para todos, sobre la base de dos pilares clave: políticas internacionales y reformas domésticas que relancen la inversión y la I+D, fomenten la innovación, aceleren la competencia desbloqueando estructuras de privilegio y monopolio, generen empleo y doten de una cualificación adecuada a la potencial empleabilidad ofertable en los diferentes espacios laborales locales”.

Una vez más, un organismo internacional defensor y promotor de la globalización, no se resiste a destacar las insuficiencias de la apuesta sin matices (mercado y globalización) y la importancia del llamado “efecto local”, así como de una crítica (en lenguaje diplomático velado) a la paralización inversora y presupuestaria desde, sobre todo, los gobiernos, a lo largo del mundo.

No obstante, a una decena de miles de kilómetros, en Estados Unidos, el Presidente Donald Trump, a saltos entre incendio e incendio, presentaba su primer proyecto de presupuestos (previamente modificado ante la oposición del Congreso y, en especial, de muchos de sus correligionarios). El presupuesto venía subtitulado: “A new Foundation for American Greatness” (“Nuevos cimientos para la grandeza de América”). Desgraciadamente, lejos de suponer confrontar cambios estructurales necesarios, contenía expectativas irreales que en palabras de Mohamed A. EL-Erian (prestigioso economista ex CEO de PIMCO), no es sino “un persistente y prolongado fracaso en facilitar un mayor crecimiento inclusivo de la misma manera que lo han venido haciendo las economías avanzadas en la última década, con preocupantes consecuencias económicas, financieras, sociales, políticas e institucionales”.

Vivimos períodos de “lento crecimiento global” o, al menos, insuficiente para generar el empleo requerido, para mantener o mejorar la productividad y, en consecuencia, garantizar salarios elevados. Además, los beneficios de ese limitado crecimiento son dispares, pesimamente distribuidos, concentrándose en muy pocas manos y acrecentando desigualdades (personas, regiones, países).

Si la OECD, al igual que prácticamente todo Organismo que se precie, reclama cambios críticos en la orientación de las políticas a seguir, la realidad parece empeñada en anclarse en el modelo en curso, ante las dificultades que un “cambio radical” exigiría, bloqueando nuevas líneas de actuación. Nadie duda que los cambios estructurales que se precisan requieren tiempo (entre otras cosas) y, desgraciadamente, sus “dividendos a futuro” tardarán en llegar mientras que el “coste de las decisiones” se produce de inmediato, generando más parálisis o confortabilidad con el “dejar hacer”. Sabemos que cambiar el rumbo, o cambiar la mentalidad (académica, policy makers, sociedad) es tarea compleja y exige mucho tiempo. Adicionalmente, hoy debemos aceptar que no se ha terminado de entender bien del todo “qué es lo que determina el inesperado comportamiento triangular de la productividad, la inversión y los salarios”.

Pero siendo esto así, debemos reconocer las graves consecuencias negativas (¿e inesperadas?) de un bajo e insuficiente crecimiento inclusivo, que va más allá de los resultados económicos insatisfactorios hoy y que hipotecan la prosperidad futura.

Impacto negativo que erosiona a las instituciones, fomenta la desconfianza y mina la credibilidad de gobiernos, autoridades y “opiniones expertas” e incrementa la presión (negativa) sobre determinadas entidades (banca, sobre todo) o industrias y favorece reacciones generalizadas anti estatus quo o establishment, favoreciendo acciones e intereses individuales. El Manifiesto electoral de Jeremy Corbyn en el Reino Unido, en las elecciones de este jueves pasado, no es patrimonio laborista, sino reclamo universal “para todos y no para unos pocos”. No cambiar el rumbo supone, en definitiva, continuar profundizando en la crisis y sus consecuencias negativas, “malgastando recursos en fosos perdidos, perdedores, no competitivos, minando la capacidad inversora e innovadora en la construcción de un futuro distinto”, como afirmaba la propia Catherine L. Mann en una conferencia el pasado diciembre en la Universidad de Harvard.

Situación que afecta a todo el Orden Internacional y que, por razones desconocidas, favorece, en exclusiva, a quienes intentan mantenerse en el pasado con discursos de futuro, otorgando demasiados privilegios no asociales a los resultados observables en los responsables de gestión (Banca, Crisis, Bruselas, Gobernantes-Corrupción…).

Lo sorprendente es que quienes más cómodos están son los Mercados Financieros y de Capitales (gran liquidez global disponible, crecimiento bajo y lento que hace todo más predecible, baja remuneración al dinero, demanda del mercado que carece de alternativas atractivas).

En definitiva, se pierde la confianza en los “Centros Gestores Globales” y se reclaman nuevos espacios, más próximos y democráticamente controlables, con oferta de iniciativas y políticas alternativas.

Así las cosas, parecería que para nadie debe ser un secreto que la disparidad de estadios de desarrollo a lo largo del mundo es infinita (pese al pensamiento globalizador) y que pensar en un mando único que se mueve a igual velocidad, con similares valores, necesidades y cultura, no es sino un gravísimo error.

En esta línea, en los “Seminarios de Primavera” del Fondo Monetario Internacional, con “el futuro del trabajo” en discusión, el economista Jefe de Google, Profesor de Berkeley, Hal Varian, describía “La Paradoja de la Productividad” y, con ella, pretendía reconducir el debate en curso sobre el dilema “avance tecnológico = menos empleo” para llamar la atención sobre la baja productividad global fruto de factores demográficos (“lo que falta es gente para producir todo lo que el sistema global demanda”) al concluir el efecto de los “baby boomers” y el progresivo envejecimiento y retiro de la vida laboral, junto con estancamientos del crecimiento (al menos en determinadas regiones) y su efecto “no previsto y perturbador” de los salarios, increíblemente bajos, cuestionando las leyes de oferta-demanda. Hal Varian, insistía, también, en el lento proceso de llevar la tecnología al uso real del mercado en un gran gap entre tecnología y expectativas con su aplicación real y generalizada. Invitaba a “repensar la productividad, sus determinantes y los efectos interrelacionados con el mercado de trabajo (empleo, salarios y sistemas de protección), la inversión (en tecnología, capital humano, cohesión social) y la geo-localización distribuida (¿qué parte de las cadenas de valor hemos de acometer desde cada empresa, en qué lugar del mundo y en qué marco general de alianzas?), comprendiendo los “tiempos reales” para el largo trayecto idea-tecnología-uso y mercado”. De forma complementaria, Ruchir Sharma (“Fuerzas de Cambio en un mundo post Crisis”) insiste en que el boom innovador que hemos creído descubrir como mensaje en permanente crecimiento y promotor del bienestar inacabable, no era, “sino un chispazo”. Si no somos capaces, en el contexto actual, de entender y gestionar lo que él define como las 3 D’s responsables del parón de nuestro crecimiento: Despoblación laboral productiva, Desaceleración inversora productiva y en sistemas y tecnologías de la información y Desglobalización, trasladando la vitalidad a “nuevos espacios regionales y locales” a lo largo del mundo desde los que interconectar con políticas internacionales alineadas y sinérgicas, seremos incapaces de recuperar la confianza y proximidad necesarias para afrontar los problemas reales, demandas específicas y gestión de las políticas necesarias para dar respuesta a las demandas de sociedades desconectadas del mensaje globalizador y la cada vez menos entusiasta dirección centralizada de nuestros destinos.

Grandes debates, apasionantes reflexiones y líneas sugerentes para afrontar la “insuficiencia” que acompaña a los “mejores resultados y signos observables” transmitidos al inicio de este artículo. En todo caso, hay una cosa clara: sería recomendable acercarnos al futuro colocando el foco en las personas y su rol en sociedad, a la manera en que organizamos los recursos y el acceso a los mismos, más allá de una tecnología concreta que nos asuste o a la confortabilidad de mantener las políticas y mensajes que no han cumplido con las expectativas y desafíos de nuestra sociedad. Crecer, invertir, buscar el camino de la prosperidad no deja de ser cuestión de principios y valores, voluntad y decisión democrática, gobernanza y opciones solidarias inclusivas. El mundo, pese a todo, se mueve y una corriente imparable aspira a construir otros escenarios diferentes.

Todo un futuro de oportunidades (y empleos productivos) nos espera. Pero si insistimos en atrincherarnos malgastando recursos (tiempos, gestión, capital, mensajes) debajo de la farola encendida porque da luz y no del lugar en el que perdimos aquello que buscamos, encontraremos cualquier cosa menos el futuro que queremos.

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  • 22/Junio/2017
Los problemas económicos de Rusia: ¿cómo los enfrentará Vladimir Putin?

Por Dr. Herminio S. de la Barquera y A.

En los primeros días de Junio, se llevó a cabo en Rusia el Foro Económico Internacional de San Petersburgo. La estrella de este año fue Alexei Kudrin, quien durante 10 años fue Ministro de Finanzas de Vladimir Putin, cargo al que renunció en 2011, aunque siempre se mantuvo como “parte del equipo”, como el mismo Putin ha dicho. Kudrin cumplió una tarea importantísima en este foro: encargado por el mismo Putin, fue el elegido para presentar un paquete de reformas económicas llamado “Estrategia 2035”, que busca revivir a la demacrada economía rusa. Kudrin es un personaje fuera de serie: viejo amigo de Putin, se ha manifestado incluso públicamente en contra de su política. Sin embargo, la amistad y la confianza continúan, por lo que no sólo fue el encargado de presentar el paquete de reformas, sino que está al frente de su realización. Este plan económico deberá estar listo para aplicarse después de las elecciones presidenciales de 2018, que, como cosa de mero trámite, Putin piensa ganar cómodamente.
El mensaje de Kudrin en el Foro es sombrío: la economía rusa está desordenada y se encuentra rezagada en comparación con el Occidente; Rusia debería adaptarse a las condiciones del mercado y encontrar su lugar en el concierto económico de las naciones. Pero para ello, es imprescindible que Rusia haga la paz con el exterior, pues si no, el país perderá, económicamente, esta década. “Necesitamos una nueva política exterior”, dice este experto, que ve un panorama más amplio en su análisis (cosa contraria a otros personajes actuales, como Trump, que tiene una reducidísima visión de las cosas). Sin embargo, “perder una década” es una afirmación muy suave: perdería más, pues desde la anexión de Crimea en el 2014, la economía rusa ha retrocedido a los niveles que tenía en el 2007, acumulando 8 trimestres al hilo en retroceso. En este año la economía ha vuelto a crecer un poco, esperándose que, cuando mucho, crezca un 1.5% y en el 2018 quizá un 2.5%, según el FMI. Ciertamente, el clima para las inversiones ha mejorado: Rusia ha dado un gran salto y está en el número 45 de los países en el listado de competitividad (México está en el 57), pero por otro lado, los nichos en los que se puede invertir se han achicado, de tal manera que el 65% de la capacidad económica rusa se debe a las grandes empresas del Estado. 
Kudrin quiere romper totalmente con este curso de la economía rusa, buscando aplicar las siguientes medidas:
-Vender las grandes empresas estatales, sobre todo las gaseras y petroleras
-Congelar las pensiones de aquí al 2035 y elevar la edad de jubilación (¡que actualmente es de 60 años para los hombres y 55 años para las mujeres!)
-Aumentar el presupuesto para educación y salud
-Reformar el sistema de justicia
Las probabilidades de que estas duras reformas sean aceptadas por Putin no las considero personalmente muy altas, puesto que ya sería el 4° intento, desde que Putin está en el poder (es decir, desde año 2000), de instaurar reformas económicas (ahí están los intentos, con distinta fortuna, de German Gref, de Elvira Nabiulina y de Dmitri Medvedev. Kudrin mismo afirma que seguramente no se aplicarán todas las medidas del paquete que presentó, pero sí “seguramente un 70%”. Posiblemente uno de los grandes problemas de la economía rusa tenga que ver con quienes están al mando: en el equipo cercano a Putin hay dos grandes grupos, acérrimos rivales entre sí. El primero, en cuyas manos están los Ministerios de Finanzas y de Economía y el banco central, está constituido por economistas de corte liberal; su modelo es el de las economías occidentales, amigos de la disciplina fiscal y de reducir al mínimo la intervención estatal en la economía, por lo que gustosos venderían todas las empresas estatales. El segundo grupo, también muy poderoso, es precisamente el de los representantes de las grandes empresas estatales, los menos interesados en que se vendan. Muchos de ellos fueron compañeros de Putin en sus tiempos de agentes de la KGB y echan en cara al primer grupo que “siguen los lineamientos de Washington”. Al parecer, Putin prefiere mantener un equilibrio entre estos dos grupos, en lugar de escuchar solamente a uno de ellos. ¿Hasta cuándo podrá durar esta situación?
¿Qué opina el pueblo ruso? Por un lado, es cierto que las empresas estatales son muy ineficientes. Se calcula que solamente el 9% de ellas introduce al año un producto nuevo al mercado, mientras que, a nivel internacional, esta cuota ronda el 40%. Pero por el otro lado, los rusos temen, con razón, que una privatización desencadene un caos como el de los años 90, cuando los grandes oligarcas se sirvieron con la cuchara grande en los procesos de privatización.
Por lo pronto, hay otro programa de reformas, el del millonario Boris Titow, llamado “Programa de Crecimiento”, y que también presentó en el Foro de San Petersburgo. Su recomendación: más deuda pública, menos intervención del banco central, que debe inyectar dinero a la economía y mantener al rublo artificialmente barato, para facilitar la exportación de bienes y servicios rusos.  Hasta donde se sabe, ambos proyectos ya le fueron presentados a Putin, pero no se sabe nada de alguna decisión que este haya tomado. De hecho, en su discurso en el Foro, ni una sola vez mencionó la palabra “reforma”.

Para terminar, agreguemos algunos datos para situar mejor el contexto ruso:
-PIB en México (2016): 944 983 000 000 de euros; Rusia: 1 157 043 000 000 de euros
-PIB per cápita en México (2016): 7 809 euros; en Rusia: 8 066.
-Deuda pública en porcentaje del PIB en México (2016); 58.1%; en Rusia: 15.94% (2015)
-Déficit público en México (2016): -27 249 000 000 de euros; en Rusia: -41 612 000 000 de euros (2015)
-Déficit público en porcentaje del PIB en México (2016): -2.88%; en Rusia: -3.38% (2015)
-Índice de corrupción (2016) en México: 30; en Rusia: 29
-Esperanza de vida (2015) en México: 76.92; en Rusia: 70.91
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  • 29/Mayo/2017
Debate y Recetas europeas: ¿estabilidad financiera, bienestar y/o competitividad?

Por Jon Azua

Si la crisis económica, el resultado del Brexit tras la antesala del referéndum escocés, el aún pendiente desenlace del caso Grecia y su progresivo rescate o las crecientes crisis sociales (migración, refugiados, desempleo, desigualdad…) y las diferentes voluntades, modalidades de desarrollo y desequilibrios internos, forzaron al Presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, a proponer un Informe Base sobre los hipotéticos escenarios (oportunidades, resultados previsibles y consecuencias) para elegir el camino a seguir por los Estados Miembro de la Unión, juntos, unos pocos asociados o en solitario, el documento aprobado por los líderes de la Unión el pasado 25 de mayo, celebrando el 60 Aniversario del Tratado de Roma, en torno al futuro de Europa (White Paper on the Future of Europe), venía a añadir complejidad (inevitable y real) a un proceso que se ha venido en llamar “Debates sobre el futuro de Europa”.

La propia Comisión Europea promueve diferentes debates temáticos pidiendo a los Estados Miembro, regiones, ciudades y partidos políticos, posicionarse sobre la base de un área de paquetes e informes “temáticos” con la pretensión de que todo un cúmulo de variables y objetivos sean tratados de forma convergente. De esta forma, se requiere determinar la dimensión social de la Europa del futuro, el rol fortalecedor de una economía y sociedad globalizadas, la profundización de una economía y política monetaria única, un nuevo compromiso protagonista en materia de defensa y seguridad y el futuro de las finanzas de la Unión. A esto, falta por añadir un buen número de Informes “parciales” sobre gobernanza, desarrollo inclusivo, pertenencia-relación de la Unión Europea con cada uno de sus Estados Miembro, entre ellos y, dentro de cada uno de ellos, el de los diferentes entes infra estados, naciones sin Estado o Ciudades (en sus diferentes modalidades de Ciudad, Mega Ciudad, Ejes o Polos y aglomeraciones, etc.).

Todo este enriquecedor, complejo e imprescindible debate, bajo principios de la máxima subsidiaridad-colaboración-convergencia posible, bajo criterios de cohesión social y territorial y al servicio de nuevos espacios de competitividad y bienestar. Un reto estratégico y funcional de enorme magnitud que, sin violentar las vigentes reglas de juego y reparto de derecho y poder político, permiten el derecho a veto o exigen, en la mayoría de los casos, mayorías reforzadas o unanimidad, en un marco burocratizado, con escasa capacidad de liderazgo y decisión, desde la profundidad de la cada vez más alejada complicidad con la sociedad europea.

En este interesantísimo momento y proceso en curso, hemos asistido a una semana con diferentes inputs a considerar. Nuestro Lehendakari ha visitado Bruselas para transmitir a Jean-Claude Juncker el posicionamiento inicial de Euskadi en el marco, al parecer, de la participación y colaboración en el ambicioso, sobre el papel, Plan de Inversiones de la Unión Europea de modo que Euskadi no solo sea parte del mismo, sino que asuma el protagonismo directo en la gestión de los temas relacionados con nuestras competencias. Posición más que relevante cuando a unos pocos kilómetros de distancia, España-Catalunya abordan sus diferencias alejándose de una opción dialogada que permita contabilizar la voluntad de la sociedad catalana para elegir su camino que, hasta hoy, no pretende dar la espalda a Europa, sino todo lo contrario. Mientras en Europa se abre un debate general para repensar el futuro, Rajoy-PP, en el el Estado español, se instalan en un peligroso estadio de espera pasiva amparados en las ventajas diferenciales de un veto ante el no cambio, acudiendo a todo tipo de instrumentos de presión como el último, puesto en marcha con la connivencia de la Justicia, medios de comunicación determinados y grupos de interés concretos, amenazando a empresas privadas (las públicas ya tienen instrucciones por definición) en caso de que presten sus servicios profesionales en cualquier tipo de asesoramiento, consulta, informe, contraste que pudiera ser objeto de análisis por la Generalitat. El insólito caso de prohibir a un gobierno democrático estudiar vías de mejora. ¿Debe todo gobierno esperar a que un gabinete concreto decida que es el momento de revisar el sistema de protección social, el obsoleto y anacrónico sistema de oficinas públicas de empleo, los mecanismos de financiación a disposición del desarrollo territorial, por ejemplo?

Adicionalmente, del otro lado del Canal y ante las próximas elecciones de Reino Unido, el inicio de negociaciones para gestionar el Brexit, parece enconarse con condiciones previas y, ¡ojo!, con exigencias comunitarias por incorporar a la factura de salida, no ya compromisos y pasivos reales, sino los documentos “programáticos, no realizables, indefinidos y consensuables” de lo que con excesiva frecuencia nos inunda la maquinaria de Bruselas en forma de planes, horizontes, políticas y manifiestos, ni finalistas, ni cumplidos en su gran mayoría, transformándose, mandato tras mandato, en un nuevo Plan con distinto nombre y sistema de gestión reconvertido, complicando su ejecución a la vez que igualando un determinado café para todos.

Bajo este marco, la semana también ha dado pie a un peligroso movimiento sobre el que deberíamos estar muy atentos: “Defendiendo a Europa: el caso de una mayor colaboración de la Unión en seguridad y defensa”.

Nadie puede cuestionar que el terrorismo y la proliferación de conflictos hace una Europa y un mundo cada vez menos hospitalario, más peligroso, más inseguro y que no podemos iniciar un mundo desde una postura “naif” como si no iría con nosotros. Pero el peligro de supeditar todo objetivo y estrategia vital a las decisiones de los halcones, al mando militarizado y a la justificación de la eliminación de libertades y decisiones y control democráticos al amparo de una “prometida” seguridad al 100%, no puede hurtarse de las decisiones democráticas, controlables. Venimos asistiendo a un discurso concertado desde diferentes áreas de responsabilidad (Ministerios, Estados Miembro…) preparando el terreno para las dotaciones extraordinarias de Fondos Presupuestarios prioritarios e inamovibles, para la defensa, explicando que Europa ha vendido la defensa a terceros (Estados Unidos), lo que no solo es una indefensión, sino que nuestra capacidad innovadora, minimiza el empleo, castiga a la I+D, debilita el desarrollo económico europeo y, por supuesto, nos hace más inseguros. En esta línea, no ya los Ministros de Defensa, sino la Vicepresidenta Mogherini, nos recuerda que “esta es la prioridad europea porque es la prioridad de los ciudadanos europeos”, o el Vicepresidente de Empleo, Crecimiento, Inversión y Competitividad, Jurki Katainen, pida más competencias presupuestarias centralizadas de modo que los recursos de los Estados Miembro, pasen al control y decisión “eficientes” de la Unión.

Esta colaboración ha saltado, temporalmente, por lo aires, tras la barbarie de Manchester por el mal uso de la información entre las policías y servicios norteamericanos filtrando “asuntos noticiables” a su conveniencia mediática. En paralelo, la visita de Trump a la OTAN, como si del viejo “Cobrador del Frak” se tratara, no ha hecho sino demostrar que las apuestas colaborativas en Defensa tienen límites y contrapartidas “soberanas” que han de contemplarse evitando entregas incondicionales o el aplauso a intervenciones unilaterales.

Y en este contexto, en Euskadi, el Forum Deusto y Orkestra han concluido su ciclo de conferencias y debates sobre “Bienestar y Competitividad” con una última mesa redonda con los Portavoces Parlamentarios Vascos. Como viene siendo natural en nuestro País, ambos reclamos (Competitividad en Solidaridad, Desarrollo Inclusivo) son compartidos y prioritarios y forman parte de la esencia de nuestras políticas públicas y estrategias de País. Ahora bien, la dificultad está en su alcance y contenido, en sus ritmos, en los compromisos y ejecución finales y al parecer, siempre en el marco de Europa. Un marco que ha de cambiar, necesariamente. Es, por tanto, una buena ocasión para aprovechar la ponencia parlamentaria debatiendo sobre autogobierno y un nuevo estatus político para incorporar la variable europea, preguntándonos cuál de la diferentes opciones y escenarios sugeridos por la Comisión, deberíamos defender.

Grandes retos y demasiadas preguntas pertinentes que si bien son de largo plazo, exigen hitos clave en el corto plazo que nos permitan avanzar hacia esa Europa de futuro, puestos en contraste con la publicación (menuda semana informativa) del ya tradicional “Paquete de Primavera” de la Unión Europea, que recoge el diagnóstico y control del estado del arte por los diferentes Estados Miembro, el grado de cumplimento de sus compromisos con la estabilidad económico-financiera y sus “recomendaciones”, parecería que los grandes debates, los enormes retos estratégicos, duermen supeditados al corto plazo, en revisiones trimestrales al servicio de variables macroeconómicas, a la espera de tiempos mejores. Recordemos que son muchos los Estados Miembro (como España) que, rescatados, siguen obligados a la aprobación de sus cuentas públicas por la mano oculta de la troika, que le sugiere reducir su déficit, profundizar en reformas en el mercado laboral, garantizar “la unidad de mercado”, romper monopolios de Colegios Profesionales, modificar su legislación y sistemas de contratación pública y flexibilizar y hacer eficientes sus sistemas de empleo. Por supuesto, por decoro, recuerda que el Gobierno español y su sistema judicial no hacen todo lo posible por eliminar o mitigar la corrupción. Ambos son también asuntos de sumo interés para los europeos, íntimamente relacionados con el autogobierno y controles democráticos, con el bienestar y la competitividad.

Recomendación macro e igualitaria, simpleza administrativa y prioridades financieras. Los retos del mañana, una vez más, parecen aplazados para el debate general de largo plazo.

Pero si algo ha vuelto a poner de manifiesto el debate político, ha sido, una vez más, la necesidad de no separar las políticas económicas, sociales, presupuestarias, etc. del debate sobre autogobierno, estatus País y política con mayúsculas. Bienestar y Competitividad implican instituciones, competencias, modelos, voluntades propias y diferenciadas. Algunos pretenden que todo se pueda hacer sin herramientas adecuadas, propias, bajo el mantra de las soluciones “globalizadas y centralizadas”. Este posicionamiento no puede ocultarse bajo el demagógico reclamo a no pensar, en verdad, en “las necesidades de los europeos” (y de los vascos), sino en discursos válidos para el corta y pega, generalizado y dominante, que consolida la confortabilidad de quienes hoy ya cuentan con su modelo.

Jon Azua | mayo 29, 2017 | Categorías: General | URL: http://blog.enovatinglab.com/debate-y-recetas-europeas-estabilidad-financiera-bienestar-yo-competitividad/
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  • 15/Mayo/2017
“Millennials y Centennials”: ¿Opciones para la revolución digital?

Por Jon Azua

En un pequeño corro de amigos coincidentes en un encuentro empresarial celebrado esta semana, departíamos de manera distendida sobre el momento que vivimos, bajo un eje y diagnóstico compartido: El mundo parece estar “descacharrado”, a la vez que su complejidad lo hace interesante y apasionante.

Si el Papa Francisco y, con él, otros muchos analistas advierten que estamos instalados en una Tercera Guerra Mundial deslocalizada, por lo que parecería que no la percibimos y actuamos como si no fuera con nosotros, salvo que padezcamos uno de los miles espacios de conflicto real existentes, o si algunos pretenden asociar sinónimos simplistas y falsos en torno a una supuesta asincronía: Populistas o Demócratas, entendiendo que se es demócrata si asumes la globalización de algunos, sin matices, o al contestarla y cuestionarla pasas a formar parte de los antisistema y xenófobos del populismo. Si apoyas el europeísmo francés de Macron, otorgas un voto en blanco a lo que decidan hacer unos pocos en Bruselas y su traslado de obligado cumplimiento a todo ciudadano de la Unión. Si te comprometes con la revolución digital y el movimiento 4.0, atentas contra el empleo y si exiges disciplina, rigor, compromiso, responsabilidad, resultados, perteneces al colectivo retrógrado y conservador del pasado. Si eres un joven emprendedor que promueve un proyecto individual subvencionado con capital de autoempleo más que de empresa, eres alabado por la sociedad, jaleado por los medios de comunicación, pero si sacas el proyecto adelante, lo haces crecer y generas riqueza y beneficios y lo conviertes en una verdadera empresa, eres un “neoliberal” y empresario “explotador e insolidario” por definición. Y así, sucesivamente.

Tras este enriquecedor aperitivo, ya entrados en el coloquio del citado encuentro, uno de los temas destacados giró en torno a la economía e industria digital.

En palabras de la Consejera de Desarrollo Económico e Infraestructuras del Gobierno Vasco, Arantxa Tapia, “la revolución 4.0 no es una opción” con lo que animaba al empresariado y público asistente a redoblar esfuerzos en torno a una inevitable transformación. A escasos metros, en la mesa institucional que compartían, otras voces advertían que “el empleo que podemos ofrecer no encuentra la formación adecuada en la población desempleada y se verá agravada en los próximos años debido al impacto tecnológico” y trasladaba el compromiso y rol formativo del trabajador del futuro a la empresa.

Expuestos así, estos diferentes puntos de vista están en el centro de un debate constante a lo largo del mundo, haciendo que lo que sí sea una opción, es la manera en que todos y cada uno de nosotros afrontamos dicha revolución digital en el marco de un  complejo escenario, en aparente confrontación entre las oportunidades que ofrece y las amenazas que pudiera suponer lo que lleva, por ejemplo, a algunos países y gobiernos a crear un “impuesto al desempleo tecnológico”, a cargar a aquellas empresas que inviertan en tecnología (digitalización, automatización, robótica, inteligencia artificial…) sustitutiva de “mano de obra” en contraste con la cada vez más extensa e imparable apuesta por nuevas políticas públicas de sensibilización, impulso, inversión y avance hacia el nuevo universo de la llamada Revolución 4.0, más allá de la imprescindible Industria 4.0, Nueva Manufactura o Smartización de la Economía. Todavía ayer, en Madrid, una asociación española de empresas multinacionales urgía al Presidente del Gobierno español a abanderar todo un pacto por la innovación digital, a comprometer presupuestos permanentes en su financiación y a “unificar” fondos evitando despilfarro y duplicidades (se supone que cuando algunas de ellas se mueven en el mismo espacio que otras lo que hacen es competencia sana y nunca despilfarro, copia o seguimiento duplicado…y en sus países origen se nutren de un fondo único y centralizado para sus inversiones) proclamando la importancia de la marca España tras sus proyectos innovadores.

Por el contrario, la opción vasca que explicara la Consejera, detallaba su reciente apuesta regionalizada en Alemania y sus alianzas con Baviera o la propia Unión Europea a través de su Comité de las regiones. Efectivamente, la revolución digital no es una opción, pero el cómo abordarla y qué hacer con ella sí que lo es.

De una u otra forma, vivimos ya, una Cuarta Revolución Industrial en la que, por encima de todo, el factor capital y trabajo han dado paso al conocimiento y talento como referentes esenciales. La tecnología cobra fuerza (hoy más que nunca) como elemento facilitador y acelerador de un cambio, siendo su uso o aplicación perverso o beneficioso para la humanidad. De allí la importancia en la opción a tomar. Por encima de todo, simplificando, podemos insistir en que “la tecnología se compra en el supermercado”, por lo que la verdadera ventaja diferencial pasa por poner el acento en el qué, cómo y cuándo hacer las cosas (personas, empresas, gobiernos, países y la totalidad de agentes implicados) más que en la propia tecnología en sí misma. ¿Qué modelos de negocio, de empresa, de país y qué políticas y estructuras de gobierno hemos de redefinir atendiendo al grado de uso de las nuevas tecnologías y oportunidades disponibles? Y una vez más, hemos de volver a la complejidad integradora de todos los ámbitos de actuación en el diseño de una estrategia con un propósito determinado evitando actuaciones aisladas. Así, si destacamos la “Innovación” como el gran motor-apuesta de país, el “Emprendimiento” como la solución y panacea de generación de riqueza, crecimiento y empleo, la “Internacionalización” como la fuente aceleradora (e indispensable o inevitable) para sobrevivir en una economía mundializada, no podemos olvidar que todas (y alguna más) estas áreas de actuación son piezas integrables en una Estrategia y propósito a perseguir e implementar y que, o son CREATIVAS, o no serán capaces de promover el cambio necesario. Si confiamos en la CREATIVIDAD, a cuyo servicio están las nuevas herramientas de la revolución del conocimiento en curso, podemos transitar hacia escenarios disruptivos y no a temerosas proyecciones del estatus quo. Es la propia innovación, el uso de la tecnología y la esencia de esta nueva revolución del conocimiento lo que nos debe animar hacia un optimismo activo con el que transitar los desafíos. En esta línea, la reconfortante lectura del último Informe de INDEX (Organización danesa sin ánimo de lucro con la misión de “inspirar, educar y comprometer en el diseño de soluciones sostenibles a los desafíos globales para mejorar la vida”) destaca, como no podía ser de otra manera, el peso de la tecnología como uso de los factores relevantes en las potenciales soluciones propuestas, si bien se pone el acento en su uso facilitador de plataformas innovadoras que inciden en nuevos espacios, como la realidad virtual, la inteligencia artificial, la innovación social y la gestión multi-variable, al servicio de la salud, de la educación, del cuidado y bienestar de las personas, de la transformación de las ciudades, del ocio y el trabajo, y, en definitiva, del desarrollo humano, anticipando todo un “universo de nuevos empleos y fuente de riqueza y bienestar para las próximas generaciones”. Todo un mundo por crear. Un mundo aún inexistente y ausente de las estadísticas anquilosadas del paro registrado, tan fríamente distorsionado por los servicios públicos de empleo, y, desgraciadamente, de gran parte de nuestro sistema educativo, empresarial y de gobierno.

En este mundo en transformación, resulta interesante acercarnos a la información con ópticas diferentes a las habituales. Es el caso, por ejemplo, de un trabajo de investigación de Bank of America/Merrill Lynch (“New kids on the Block: Millennials and Centennials”). El proyecto forma parte de un intenso esfuerzo de investigación sobre personas y colectivos, innovación, gobernanza, mercados y el mundo “global y regional” en el marco de lo que concibe como el “atlas para cambiar el mundo”. Si bien su propósito es el de aportar tan amplio conocimiento a la identificación de áreas y oportunidades de actividad futura, empresas ganadoras en las que invertir en los diferentes mercados de capital, la información observable y su rigurosa clasificación, permite ver un mundo en cambio extraordinariamente relevante. El citado Informe focalizado en los Millennials o Generación Y (población entre 19 y 35 años) los relaciona con la Generación Z o Centennials (de 0 a 18 años), ya que ambos estratos suponen el 60% de la población mundial sabiendo, además, que estos segundos, 2,4 billones de personas vivirán, previsiblemente, cien años en determinadas regiones y economías. Y son precisamente estos colectivos quienes conviven, de forma innata y normal, con la diversidad, la sostenibilidad, la “globalización”, las tecnologías disruptivas, nuevos conceptos y modelos de empresa, de propiedad, de “negocios”, de empleo, de educación, de emprendimiento, de política y gobernanza. Son “digitales nativos” y la llamada “disrupción tecnológica” es y será para ellos algo normal que forme parte del paisaje cotidiano (antes de cumplir 10 años poseerán un Smartphone de última generación que consultarán una media de 50 veces por día, usarán los mensajes instantáneos y los emoticonos en lugar de la escritura para comunicarse…) pero, a la vez, por primera vez en la historia, esas generaciones Y y  Z, convivirán con otra (mayores de 65 años) que les superará (en el 2020) en número, con tasas de fertilidad y reposición en claro y profundo declive excepto en África. ¿Qué opciones tomaremos para estos colectivos con culturas, sueños, habilidades y demandas dispares? ¿Dejaremos que la “nueva revolución sea de ellos” (entendiendo como tal el mundo tecnológico digital) en exclusiva o, por lo contrario, tomaremos opciones de cambio en nuestros modelos empresariales y de desarrollo económico, en vivienda, transporte, pensiones, educación, salud, ciudades, mercados laborales, finanzas, inversión y gobiernos? ¿Qué productos, bienes y servicios quieren, querrán o necesitaremos los diferentes grupos y colectivos?

Efectivamente, como bien decía la Consejera, “no es una opción”. No es una opción para el colectivo empresarial (industrial y de servicios) al que se dirigía y a cuyo servicio de “acompañamiento e impulso” está enfocada la estrategia Industria 4.0 del Gobierno. Pero tampoco debe ser una opción para el conjunto de las Administraciones Públicas que parecerían suficientemente confortables por el hecho de una “natural” oleada de sustitución, por edad y jubilación, de sus plantillas funcionariales, anunciando “Concursos Oposición”, masivos, para “cubrir y reponer” las mismas plazas que han de quedar libres. ¿No merecería la pena optar por el complejo y arriesgado camino de repensar las Administraciones del futuro, los nuevos roles que hubieran de corresponder, los perfiles de esa economía digital y del conocimiento natural/disruptivo bajo modelos de empleabilidad adecuados a la “nueva normalidad” que está por venir y romper, por ejemplo, con el dualismo entre empleo fijo de por vida para unos y desempleo, precarización o “empleo de mercado” para otros (la mayoría de la población)?, ¿no es momento de repensar y redefinir las empresas, su propiedad, sus modelos de negocio?, ¿no es momento de repensar nuestros sistemas educativos (por ejemplo, “simplemente” preguntándonos si el “problema” con los becarios no tiene mucho que ver con la propia reforma de los planes de estudio de Bolonia y la obligatoriedad de incluir meses de prácticas, ni retribuidas, ni debidamente programadas o coordinadas con las empresas, ni tuteladas, ni monitorizadas desde las propias Universidades que las incorporan, obligatoriamente, a su Curriculum)?, ¿no es el momento de “filtrar” los proyectos de nuevos sistemas tributarios con estos nuevos requisitos de la “nueva revolución” e incorporar cargas y beneficios, estímulos, recaudación y direccionamiento del flujo de la actividad económica y generación y distribución de riqueza?

No es opción. La Revolución 4.0 está aquí. Si es una opción elegir la posición a tomar.

Tenemos por delante todo un desafío, pero, sobre todo, un prometedor escenario optimista. Todo un mundo de oportunidades desde una enorme disponibilidad de herramientas y plataformas para hacer un buen uso de la tecnología, desde la innovación, la creatividad, el talento y la estrategia. Como siempre, depende de nosotros. Nunca como hoy (y mañana) tendremos a nuestro alcance tantas fuentes, conocimiento y medios para generar novedosos empleos de valor añadido al servicio de verdaderos (novedosos también) sistemas de bienestar. Generaciones X, Y y Z tenemos un papel que jugar y múltiples opciones para elegir.

Jon Azua | mayo 15, 2017 en 10:13 am | Categorías: General | URL: http://wp.me/p4acJt-cJ
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  • 13/Mayo/2017
El crecimiento económico de Europa supera al de Estados Unidos.

Por Dr. Herminio S. de la Barquera y A.

La economía europea creció en el primer trimestre del año más del doble que la de los Estados Unidos, pues el Producto Interno Bruto de la región creció, frente al trimestre anterior, en 0.5%. El año 2016 cerró también con un crecimiento en el último trimestre de 0.5%, frente a un esperado 0.4%.
Hay tres factores que han ayudado en este desarrollo: el tipo de cambio, con un euro más barato (aunque los mexicanos no podamos creer esto), ha permitido el aumento de las exportaciones; el consumo privado ha aumentado, aunque no mucho, pues la inflación ha crecido más de lo esperado; y las cifras de desempleo han mejorado notablemente.
España ha sido el país que más se ha destacado en esta etapa, con un crecimiento en el trimestre de 0.8%, mientras que Francia logró sólo un 0.3%. De todas formas, si el próximo domingo triunfa en las elecciones de la segunda vuelta el candidato Emmanuel Macron, los mercados lo recibirán con júbilo, pues las oportunidades de realizar reformas que favorezcan la situación del mercado laboral serán más evidentes, por lo que la economía francesa podría recuperarse. De Alemania se espera un crecimiento en el siguiente trimestre de un 0.5%, aunque las estimaciones se conocerán la próxima semana.
Este buen inicio de año podría traducirse quizá en que el cálculo de crecimiento para la “zona euro”, en todo el 2017, que se estima en 1.8%, se pueda corregir hacia arriba.
En donde la economía se ha comportado claramente de forma preocupante es en Gran Bretaña: en el primer trimestre de este año creció sólo en un 0.3%, frente a un 0.7% del último trimestre de 2016. Esto quiere decir que creció a la mitad de lo que vimos a fines del año pasado, un resultado peor que el esperado. La economía inglesa se había mantenido hasta ahora más o menos saludable gracias al consumo privado, mientras que los empresarios frenaron sus inversiones casi en seco, ante la incertidumbre del proceso de salida de la Unión Europea; sin embargo, debido a que la libra esterlina no se ha logrado recuperar desde que se dieron a conocer los resultados del referendo del año pasado (“Brexit”), la inflación ha crecido como pocas veces se había visto: en Febrero de 2017, comparado con Febrero de 2016, la inflación creció en un 3.2%, lo cual acabará por frenar el consumo privado. Todo esto quiere decir que los ciudadanos ingleses ya comienzan a sentir en el bolsillo, en donde más duelen los golpes, los efectos de la próxima salida de su país de la Unión Europea. Sin embargo, por otro lado, la debilidad de la libra inyecta vigor al debilitado sector exportador inglés, que tiene muy buenas condiciones para sentirse más optimista que nunca. 
De todas maneras, el asunto del Brexit sigue dividiendo a los ingleses, aunque menos que en época del referendo. Una encuesta publicada hace unos días por el instituto demoscópico “YouGov” muestra que, de quienes votaron el año pasado por la salida de la Unión Europea, un 45% consideran que fue un error votar como lo hicieron, 43% siguen convencidos de que actuaron correctamente y un 12% se muestra indeciso. Demasiado tarde…
Del otro lado del océano, un fenómeno que ha llamado la atención de los especialistas es el hecho sorpresivo de que la economía estadounidense se haya frenado paralelamente a la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump. Esto es: de Enero a Marzo, la economía más grande del mundo creció en el primer trimestre del año 0.7%, calculado sobre el año 2017. Este es el crecimiento más débil en tres años, máxime cuando se calculaba que fuese del 1.2%. Trump ha declarado que desea reactivar el mercado laboral, si bien el estado de salud de este último ha mejorado notablemente desde hace ya un buen rato. Parece que Donald Trump sigue con problemas para identificar áreas que en verdad requieran de atención. De todas maneras, especialistas de Fondo Monetario Internacional confían en que la economía estadounidense crecerá en este año un 2.3%. 
Todo lo anterior quiere decir que la economía mexicana tiene buenas oportunidades de explorar el mercado europeo y aprovechar las condiciones nuevas que muestran países en crecimiento, como España y Alemania, o incluso países que se enfrentarán pronto a retos importantes en materia económica, como Inglaterra. Los ingleses están dispuestos a incentivar sus exportaciones, aprovechando el tipo de cambio de la libra esterlina. Además, una vez fuera de la UE, Inglaterra necesitará urgentemente socios comerciales, y México puede aprovechar esta necesidad, una oportunidad única para diversificar sus mercados y poner los pies de manera más firme y decidida en el viejo continente.

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  • 13/Mayo/2017
La Resiliencia ¿Qué es eso? ¿Por qué es importante para las empresas?

Por Dr. José Alfredo Miranda

Se dice que la resiliencia es la capacidad de adaptarse bien al cambio, la habilidad de reponerse de situaciones adversas y la competencia para mantenerse y sobrevivir ante situaciones desfavorables. 
Al observar el mundo post-moderno, el conocido escritor Gary Hamel percibe que se está abriendo una brecha cada vez más grande, entre el veloz crecimiento de la turbulencia en todo el planeta y la capacidad de las empresas y organizaciones de volverse resilientes. Afirma que en una época turbulenta la única ventaja digna de confianza en una empresa es tener una capacidad superior de reinventarse, de reinventar el modelo de negocio antes de que las circunstancias le obliguen a hacerlo.
El estudio global llevado a cabo por el IBM Institute of Business Value con más 5,247 ejecutivos de 21 industrias diferentes en 55 países reporta que el alcance, velocidad y tamaño de los retos que enfrentan son brutales, tanto por la disrupción tecnológica, como por los cambios en el entorno y la creación de nuevos modelos de negocios.
La Organización Mundial de la Salud menciona el estrés como la peor epidemia del Siglo XXI. Muchos empleados ven su trabajo como la principal causa de estrés y el vivir permanentemente conectados, con trabajos muy demandantes y experiencias multiculturales pueden materialmente agotar a una persona o quemarla, como decimos coloquialmente.
Un estudio longitudinal con más de millón y medio de empleados en 185 países con más de 4,500 empresas distintas, patrocinado por Global Corporate Challenge, encontró que más del 75% de la fuerza laboral experimenta niveles de estrés de moderado a alto y 36% extremadamente alto. Sólo el 39% reportó niveles moderados de estrés. Sin embargo, hay que reconocer que hay ciertos niveles positivos de estrés conocidos como eudemonía  que pueden incrementar la productividad, provocando el contribuir con lo mejor de uno mismo y responder con alto rendimiento, para lo cual también hay que fortalecer la resiliencia. 
En una reciente encuesta hecha en Inglaterra, preguntándoles a los colaboradores de diversas empresas cuáles eran los retos más importantes en sus propias vidas para incrementar su resiliencia y afrontar los cambios y las adversidades, sorprendentemente en más del 75% de los casos, su respuesta número uno fue “la complejidad de gestionar a sus propios compañeros de trabajo y las politiquerías de la empresa.” Añadieron que esto era lo más que más desgastaba sus reservas emocionales e incrementaba su propio estrés. Las conclusiones respaldan a que gran parte de los factores que generan mayor estrés y tensión en la persona, pueden ser sus propios entornos de trabajo y la cultura de la organización.
PARA MEJORAR LA RESILIENCIA
Construir y favorecer la resiliencia de los líderes, los equipos directivos y de todos los colaboradores de las empresas es pues un tema prioritario, porque el ritmo y frecuencia de los cambios y la propia dinámica del entorno y por ende de las organizaciones nos está retando continuamente, enfrentándonos a situaciones nuevas y variables que requieren más y más resiliencia. 
Varios expertos del tema como Farson y Keyes apuntan a que estudiar los acontecimientos, favorables o no, con resultados positivos o no, se puede convertir en aprendizajes y experiencias positivos. En este sentido los líderes pueden crear un ambiente constructivo al derribar barreras burocráticas que los separan de sus colaboradores acercándose a ellos, admitiendo sus propios errores, entendiendo los propios y adoptando más que una postura de culpables o inocentes, una mucho más metódica que les permita analizar  y comprender a fondo lo que está sucediendo y cómo se puede aprender de esos acontecimientos y enfrentarlos exitosamente.
Martin Seligman, el conocido psicólogo de la Universidad de Pensilvania, propone que las empresas y organizaciones pueden y deben ayudar a sus propios miembros a ser más resilientes. Estadísticamente el 90% de las personas afirma que la resiliencia viene de sus propias reservas, el 50% de sus relaciones y menos del 10% sostienen que las obtienes de las empresas donde trabajan.
Rich Fernández , en un reciente artículo publicado en Harvard propone cinco maneras de mejorar la resiliencia personal: 
1)Primero, ejercita tu mindfullnes, es decir, tu capacidad de poner atención y conciencia plenas, estando realmente presente y enfocado: pensar, hablar, escuchar y actuar conscientemente, aquí y ahora, apagando los distractores y ruidos internos y externos. 
2)Segundo, aprende a separar, clasificar y discriminar tus cargas cognitivas. Recibimos más de once millones de bytes por segundo de información, de modo que si aprendes a discriminarla, reduces tu estrés de manera exponencial. 
3)Tercero, toma recesos con la frecuencia necesaria. Aprender a desenchufarte o desconectarte en ciclos de más o menos noventa minutos. Te da claridad mental y enfoque, despertando tu creatividad al recuperar tus energías. 
4)Cuarto, desarrolla tu agilidad mental. Esto implica tener la capacidad de cambiar en nuestras redes neuronales, que es donde experimentamos el estrés, el responder a la situación o a la persona, en lugar de reaccionar. Esa agilidad implica hacer una pausa, observar la experiencia o el acontecimiento desde un punto de vista neutral. Es como dar un paso atrás, reflexionar y escoger sabiamente cuál es la mejor respuesta.
5)Quinto, mejora tu capacidad de ser compasivo, de ser empático, no sólo contigo mismo sino con los demás.

El papel de los líderes es fundamental para fomentar una cultura que favorezca la resiliencia. Aquí hay cuatro recomendaciones para fortalecer la resiliencia en las empresas desde el punto de vista de los líderes: 
Primero, las personas florecen y prosperan a raíz de los eventos positivos y de los éxitos, especialmente al principio de su vida laboral o de su carrera profesional, por lo que hay que reconocerlos y motivarlos intrínseca y extrínsecamente. Segundo, Las personas avanzan y se desarrollan observando y aprendiendo de otras, hay que propiciar esos tiempos y espacios para cultivar el aprendizaje. Tercero, es fundamental dar apoyo, aliento y acompañamiento a nuestros colaboradores. Mostrar con hechos que las personas nos importan es clave para su identidad y para su resiliencia futura. Cuarto, ayudar a manejar el estrés personal de los que laboran con nosotros es clave para mejorar su resiliencia.
No cabe duda que una empresa resiliente tendrá mejor capacidad de enfrentar los retos, sobrevivir, evolucionar, adaptarse y triunfar en el futuro.
                                                                                                                                                              
1.Estado de satisfacción debido generalmente a la situación de uno mismo en la vida.
2.Rich Fernandez es co-fundador de Wisdom Labs, www.wisdomlabs.com.
 

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  • 13/Mayo/2017
¿CRECER para TODOS?

Por Jon Azua

El tradicional encuentro anual del Gobierno alemán con el triunvirato Internacional (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y Organización Mundial del Comercio), celebrado esta semana en Berlín, ha servido para presentar el Informe conjunto de los tres Organismos Internacionales en defensa y valoración positiva del comercio y el crecimiento, si bien alertando de los resultados y enfoque negativo que la práctica ha provocado al marginar a diferentes países, comunidades y personas.
De esta forma, “Making Trade an Engine of Growth for All” (“Haciendo del Comercio un vector del crecimiento para todos”) se convierte en el nuevo reclamo hacia una renovada concepción de las políticas mundiales al servicio de la llamada “Globalización Inclusiva”.
Si bien no sería justo desconocer que la dimensión social y el carácter inclusivo asociable al libre comercio han estado presentes en los debates, documentos y preocupaciones-sugerencias en múltiples trabajos de las tres entidades mencionadas, sí podemos destacar su limitada contundencia matizadora de la Globalización, el libre comercio y las recomendaciones de la política general y global más dirigidas al club del G-20 y un recetario uniforme que hacía la observación de las economías domésticas, las políticas facilitadoras del ajuste-austeridad penalizador del desarrollo y empleo de los últimos años de crisis y de los efectos negativos directos que, de forma intensiva, han supuesto para mitigar desigualdad, pobreza y exclusión. Actitud, recomendaciones e intervenciones qué, a lo largo del tiempo, han jugado un papel más que controvertido.
Si bien es verdad que cada una de estas Instituciones, ampliamente interrelacionadas, tienen objetivos y mandatos diferenciados (“abrir el comercio y velar por su ajuste a reglas previamente acordadas”, “combatir la pobreza en el mundo no desarrollado favoreciendo el crecimiento”, o “garantizar la estabilidad monetaria y financiera”), y que, en principio, sus recomendaciones o Informes no tienen valor imperativo, su propia configuración y membresías, sus fondos y recursos provenientes de las cuotas de los países miembro y el rendimiento de sus operaciones financieras y asistencias técnicas, y el origen y asignación de sus funcionarios y dirigentes cuyo acceso proviene básicamente, de la cuota País y, en definitiva, de las decisiones de los gobiernos según el peso relativo de su  PIB, se han convertido, en la práctica, en el guion de obligado cumplimiento más allá de sus cometidos iniciales. Debates aparte, la realidad es que sus programas y recursos han vivido excesivamente concentrados en la Macroeconomía, obviando la necesaria implementación diferenciada de políticas a lo largo del mundo, escasamente preocupados por los Agentes Transformadores reales en cada país, sobre el que actúan y confiando en la obtención de resultados espontáneos fruto del “bonismo” de declaraciones generales, de una excesiva confianza en la fuerza de arrastre de beneficios globales “para todos” tras un concepto de globalización, escasamente matizado, explicado y evaluado. Así, tras sus informes y mensajes, sus llamados “equipos y hombres de negro” han provocado la implantación generalizada de medidas comunes (o iguales) para economías, gobiernos, situaciones, Instituciones, necesidades y tiempos diferentes, lo que, desgraciadamente, ha terminado llevando al ánimo de gobiernos, parlamentos y agentes económicos y sociales la idea errónea del “pensamiento único”, de la separación entre economía y política, del final de las ideologías y de la receta replicable a todos y en todo momento, determinando la fijación de políticas y presupuestos públicos. Entidades que, pese a que pudiera parecer que llevan toda la vida entre nosotros, nacieron en 1944 como consecuencia de los acuerdos de Bretton Woods, focalizadas en la inflación, el peligro de las devaluaciones sucesivas y la inestabilidad monetaria y financiera de postguerra, como apuesta de solución para un necesario y deseado proceso de reconstrucción. Entidades que han contribuido, sin duda, a significados logros apegados a sus objetivos fundacionales pero que, a la vez, han condicionado en exceso un mundo “plano” irreal.
Hoy con este nuevo Informe (de gran interés y rico contenido), se pone de manifiesto una realidad que venimos padeciendo, día a día, País a País y, desgraciadamente, persona a persona: un desigual impacto del mantra globalizador. Así ya en la pasada reunión semestral del FMI en Washington, el octubre pasado, su directora, Christine Lagarde, llamaba a la acción para impulsar el crecimiento (“Por favor, hagamos de la globalización algo diferente, que funcione para todos y prestemos mayor atención a aquellos que están ante el riesgo de perder todo, ya sea a causa del comercio internacional, de la tecnología, de la economía digital, de la carencia educativa… o aislamiento de las políticas de ajuste…”).
Como la gran mayoría de los movimientos en favor de un desarrollo o crecimiento inclusivo, que se propagan (afortunadamente) a lo largo del mundo, entre los relevantes saltos cualitativos se da el que no es un discurso voluntarista de movimientos y/o entidades sin ánimo de lucro, con limitados recursos que garanticen su acción sostenible o fruto de “causas nobles” anti sistema, sino que surgen y se organizan desde aquellos con la mejor capacidad de movilización de activos facilitadores del cambio. Desde quienes aspiran a construir nuevos modelos de desarrollo económico y social, quienes observan un mundo diferente, quienes aspiran a una nueva ideología económica y social, o quienes persiguen nuevos modelos de negocio o inclusivo, o reorientar un capitalismo dotándole de alma (esa alma que debe mover los mercados para no convertirlos en un zoco sin ley). El Informe en cuestión pretende salvar el comercio superando la creciente propagación de numerosos obstáculos, evitar llevar al estado de ánimo de la Sociedad, gobiernos, empresas y agentes económicos y sociales la idea de que la culpa de todos los males está en  la estabilidad monetaria y financiera, en el intercambio de bienes, servicios, capital y trabajo, en la movilidad, en la búsqueda del equilibrio financiero y la internacionalización, o que los cambios tecnológicos, la innovación y otros muchos factores asociados sean irrelevantes para el empleo, la riqueza y el bienestar. Es, en todo caso, un Informe que pretende reivindicar las bondades del libre comercio si bien reconocer los efectos perversos y negativos que, también, ha generado, invitando a la redefinición de una nueva Globalización Inclusiva. Convencidos de las bondades para el crecimiento como objetivo destacan los resultados positivos que ha aportado, pero pone el acento en el desigual reparto de beneficios y pérdidas que ha generado. De allí su apuesta por una Globalización Inclusiva y de nuevas “políticas facilitadoras del ajuste”, en un momento que califica de crítico, no ya solo por el claro descenso de las reformas hacia el deseable libre comercio, el rebrote proteccionista generalizado y “descontrolado” o el descenso temido de la productividad y generación global de rentas, unidos a una cada vez mayor concentración de poder, fuerza y riqueza en pocos países. Sostiene que no se pueden seguir aireando los beneficios en términos de bienestar, productividad, competencia, innovación, etc., si, a la vez, se excluye y margina, país a país, región a región, barrio a barrio y persona a persona. Este es el nuevo reclamo fundamental: hacer del crecimiento, del libre comercio y de una internacionalización bien entendida, un motor de bienestar, inclusivo y para todos.
Todo un compromiso que, como ya indicaba, se dirige a la acción y, sobre todo, a la política doméstica. Una vez más se necesita cambiar el foco y volver a una microeconomía que sufre su pobreza y desigualdad en casa, que observa la desaparición de empleos en el día a día, que necesita agendas, políticas y soluciones inmediatas y próximas a los grandes desafíos (oportunidades y amenazas) de las nuevas tecnologías, de la digitalización, de la velocidad transformadora, de la mundialización, de la cada vez más relevante (y razonable) demanda de los “países compradores y su propio interés de desarrollo endógeno”, de la inevitable transformación de sus sistemas educativos (en casa y para casa y no solamente para formar ejecutivos globales para la City o Shanghái), que demanda sistemas de salud, vivienda y protección social “portables” en y desde casa para atender sus necesidades reales y directas. Una llamada a políticas domésticas con visión mundializada compartible y no un ajuste de “bloques”, genérico y único, sin saber muy bien quien es el destinatario y beneficiario del mensaje.
Es, en definitiva, un Informe, potente y de cambio. Dirigido al Comercio y a la Globalización, pero, sobre todo, a nuevos Foros. A los países y no tanto a los bloques, a los gobiernos próximos a las necesidades de sus ciudadanos, a nuevos interlocutores y a nuevas formas de organizar sus Administraciones y Servicios Públicos, sus relaciones de valor compartido con las empresas, sus prioridades y estrategias. Un nuevo llamado a repensar sus “n” mercados de trabajo, plenamente integrados con sus sistemas educativos y de bienestar. Es, ante todo, no un tiempo para intercambios o elecciones entre apertura comercial e inclusión. Es irremediablemente, tiempo para conseguir ambos objetivos a la vez. Y, obviamente, no caerán ni del cielo, ni desde la escucha y no implementación activa de los discursos del G-20. Sin acciones concretas de promoción y soporte, “a pie de calle” no tendrán efecto alguno. Tiempo de aproximar la lupa al empleo, a las políticas activas necesarias e inmediatas, a evaluar los costes y gestión de las medidas pasivas, la protección y seguridad social y la educación asociada en un amplio sistema de bienestar (educación, salud, servicios sociales, vivienda). Y, por supuesto, a la igualdad de oportunidades para el empleo sostenible (público y privado, y no solo público). El Informe mencionado tiene la virtud de identificar un buen catálogo de áreas de actuación recomendables. No para asumir, una vez más, recetas de “corta y pega”, sino para su análisis y, en su caso, apropiación e implementación local.
Nuevos enfoques, transformación de políticas públicas y, por supuesto, “nuevos modelos de negocio” de las empresas, para un mundo diferente al que las etiquetas globalizadoras del pasado se empeñaron en uniformizar. No hay duda de los beneficios del comercio y su apertura, pero son evidentes, también, sus consecuencias perversas y negativas. No podemos dejar una y otras al azar.
Sin duda, una nueva “Globalización Inclusiva” nos espera. ¿Seremos capaces de construirla?

Jon Azua | abril 18, 2017 en 10:17 am | Categorías: General | URL: http://wp.me/p4acJt-cD
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  • 07/Abril/2017
La importancia de las relaciones económicas entre México y Alemania

Por Dr. Herminio S. de la Barquera y A.

Actualmente, Alemania es el 5° socio comercial de México a nivel internacional, y es el primero de los países de la Unión Europea (UE), es decir: Alemania es el principal socio comercial europeo para México. Del total de exportaciones de México, un 2.2% tiene como destino a dicho país, lo cual representa poco menos del 30% del comercio con la UE. El intercambio económico entre México y Alemania es del orden de más de 17 000 millones de dólares, de los cuales casi 14 000 millones son de exportaciones alemanas, por lo que nuestro país es el principal importador de productos alemanes en América Latina. Estas cifras no se alcanzaron a lo largo de mucho tiempo, sino que son producto de una intensificación de relaciones en las décadas recientes. En los últimos 15 años, el comercio entre ambos países ha crecido en un 145.4%, lo que significa un aumento de 6% anual.
Alemania es un país muy poderoso en lo que respecta a su capacidad exportadora y de generación de tecnología, por lo que numerosas empresas alemanas han colaborado a la modernización de la economía mexicana: pensemos en las industrias automovilística y farmacéutica, por ejemplo. Nombres como los siguientes son ya familiares en el panorama económico de México: Allianz, Audi, BASF, Bayer, Braun, BMW, Robert Bosch, Carl Zeiss, Commerzbank, DaimlerChrysler, Deutsche Bank, Dresdner Bank, FESTO PNEUMATIC, Henkel, Deutsche Lufthansa, MAN, Osram, Siemens, Thyssenkrupp, Volkswagen y muchas más. Las relaciones comerciales con Alemania se basan en los tratados suscritos con la Unión Europea, por lo que es de esperarse que se sigan profundizando al actualizarse dichos convenios.
Para Alemania es muy importante que, ante la coyuntura que ha significado la llegada al poder de Donald Trump, México esté -¡al fin!- tratando de diversificar su comercio exterior para superar la gran dependencia que históricamente ha existido frente al vecino del Norte y que, por desidia y comodidad, nunca se había considerado seriamente en las esferas gubernamentales. Así, actualmente se busca ampliar las relaciones con otros países del Pacífico, como Perú, Colombia y Chile, además de que se están intensificando las relaciones con China, para intentar reducir substancialmente el gran déficit comercial que se tiene frente a este país asiático, que a su vez está muy interesado en invertir en áreas estratégicas de la economía mexicana; con Jordania, Paraguay y Turquía hay pláticas para firmar tratados de comercio libre, y las negociaciones para actualizar los convenios con la Unión Europea arrancaron ya en estos días.
Una preocupación para muchos de estos socios extranjeros es que algunas áreas de la economía mexicana, como la banca, las telecomunicaciones o la generación de energía aún siguen esquemas obsoletos de monopolio u oligopolio, a pesar de las reformas estructurales que el actual gobierno federal echó a andar desde hace algunos años. Desafortunadamente, en estos tiempos de precios bajos en el sector petrolero, algunas de estas reformas perdieron algo de su encanto frente al interés que mostraban algunos inversionistas. Sin embargo, la liberalización del mercado de generación de energía eléctrica es un gran atractivo para empresas alemanas, que son a nivel mundial líderes en tecnologías renovables de generación de energía.
Pero no solamente tenemos que pensar en relaciones comerciales, pues Alemania es más que una potencia económica y tecnológica: es un país abierto al mundo, dinámico, orientado al futuro, que asume sus responsabilidades frente a la comunidad de naciones buscando la paz, el respeto a los derechos humanos y el desarrollo sustentable. Los alemanes son socios confiables, creativos, innovadores y respetuosos de la diversidad cultural. 
Además, hay más de 1 000 becas para estudiantes mexicanos que quieran ir a Alemania y más de 700 becas para alemanes que quieran venir a estudiar a nuestro país. Hay más de 300 convenios entre universidades de ambos países y cerca de 75 000 personas en México se encuentran aprendiendo la lengua de Goethe.
Es por eso que los empresarios mexicanos tienen en Alemania a un socio que ofrece una gran diversidad de oportunidades de colaboración en muchas áreas de la economía y el comercio, de la cultura y del empleo de la tecnología. Una oportunidad que no puede uno dejar pasar. No todo es Trump y no todo es Estados Unidos.

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  • 09/Marzo/2017
Why Politics Is Failing America

Por Katherine M. Gehl,Michael E. Porter

Beware the political–industrial complex. They rig the game for their benefit. The public interest is the loser. Here’s how to fix it.

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  • 03/Marzo/2017
ANÁLISIS POLÍTICO
¿Qué es el “establishment”?

Por Dr. Herminio S. de la Barquera
Profesor IESDE de Entorno Político y Económico

Nuestros días se caracterizan por una apuesta de cada vez más electores en favor de líderes políticos que se pronuncian con mucha virulencia en contra de las elites políticas, que 

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  • 22/Febrero/2017
El poder nuclear del Presidente de los Estados Unidos de América

Por Dr. Herminio S. de la Barquera y A.
Profesor IESDE de Entorno Político y Económico

El Presidente de los Estados Unidos tiene la facultad de decidir él solo si convierte al planeta en escenario de una guerra nuclear, por lo que muchas personas, tanto en la academia como en las fuerzas armadas y en la industria de 

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  • 21/Febrero/2017
Nóos, Corrupción y Desarrollo Económico

Por Jon Azua

Al parecer, la noticia de la semana. Que años después del inicio de un largo proceso judicial, político y mediático, “descubierto” por casualidad investigando el llamado “Palma Arena” demostrado como fechoría de la “administración modelo” que presenciaba el Presidente del Gobierno Español, Mariano Rajoy, 

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  • 15/Febrero/2017
Las facultades del Presidente de los Estados Unidos de América

Por Dr. Herminio S. de la Barquera
Dirección de Posgrados en Ciencias Sociales UPAEP

En estos días de tribulación y emergencia a nivel nacional y mundial por el tempestuoso inicio del gobierno de Donald Trump, presentamos aquí una serie de facultades que están en manos del 

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  • 03/Febrero/2017
El fin de la modernidad y la era “VICAL”
UN CAMBIO DE ÉPOCA

Por Dr. Alfredo Miranda, IESDE

Hace años que estamos tomando conciencia de que estamos al final de eso que conocemos como modernidad. El finado filósofo Zygmunt Bauman ya describía metafóricamente la llamada modernidad líquida, como una figura 

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  • 02/Febrero/2017
¿Bajo qué moneda reporto a la casa matriz en este ambiente cambiario?

Por C.P. José García
Socio de Auditoría de Kreston BSG Puebla

Ante el actual panorama del tipo de cambio del peso mexicano frente al dólar estadounidense y el euro, un gran número de subsidiarias de empresas internacionales establecidas en 

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